La siguiente es una historia verídica.
En un avión, volando entre la Ciudad de México y Washington DC, se encuentran sentados una señora con su hijo puberto y un hombre un poco pasado de peso.
Hombre pasado de peso: Disculpe señora, por su aspecto (nariz) asumo que usted es judía.
Mujer judía: Así es, esta usted en lo correcto. Por su aspecto asumo que le gusta comer.
Hombre pasado de peso: ¿Y a que viaja a DC?
Mujer judía: A visitar a mi familia, ¿usted?
Hombre pasado de peso: Yo trabajo en el Banco de México, voy a una reunión del BID. Oiga, ¿y cuántos judíos hay en México? ¿Son como un millón no?
Mujer judía: (confundida por la falta de conocimientos del hombre, a final de cuentas trabaja en BdeM) Más bien como 30 mil.
Hombre pasado de peso: Uchale, lo que pasa es que en todos lados los veo.
Mujer judía: Pues ve a los mismos en todos lados, nada mas somos 30 mil.
Hombre pasado de peso: Oiga, ¿y como es que todos los judíos son ricos eh? Es muy sorprendente. ¿Cómo le hacen?
Mujer judía: (un poco fastidiada por la conversación) Mire, es muy sencillo. Mi esposo trabaja mucho, al igual que muchos otros esposos judíos y no judíos. La diferencia es que los judíos sólo tienen que mantener una familia… no tienen casa grande y casa chica. Alcanza para más como usted se imaginará.
Hombre pasado de peso: (con cara de perplejidad, tosiendo de manera apenada) Disculpe usted, con permiso (toma su abrigo y se cambia de asiento).
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